La hora

Las risas solapadas de los energúmenos que beben en la vereda le duelen menos que la misma caída. No son los huesos, ni siquiera se ha golpeado, sino la vulnerabilidad; aceptar el bastón, la ayuda para cruzar las calles, las miradas piadosas que lastiman. Lo ha visto en su abuelo, en su padre, ahora comienza su turno. Agradece a la señora que lo ayuda a incorporarse, apoya una mano en la pared. Señala su casa a cinco metros, la mujer insiste en acompañarlo. La acepta, ¿qué importa un día más o menos para iniciar la dependencia? La mujer se marcha tras asegurarse que está bien. Humberto pone doble vuelta de llave, deja la bolsa con las compras en el piso y se sienta en sillón más cercano. Se deja estar, abatido, demolido por el golpe que la edad le ha encajado casi en su propia vereda. Su mujer asoma, ¿qué pasa Humberto? Humberto está viejo, quiere responder, pero ella no lo permite, le pide la bolsa de comestibles. El hombre se fuerza a caminar hasta la cocina, deja las provisiones sobre la mesa y le cuenta el episodio, sintiéndose condenado a pasar las tardes mirando televisión. Ana sonríe, busca en el armario de las escobas y saca un bastón. Humberto lo recibe con incredulidad, ¿acaso se ha vuelto premonitoria? Ella mira la hora, tenemos tiempo para una vuelta, dice. Vuelve a meterse en el armario y saca otro bastón, lo choca con el de Humberto, le toma el brazo y caminan ambos a la puerta.

Autor

Nombre: Juan Pablo Goñi Capurro

3

49

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies