La Luna Escarlata

Abrí los ojos… suspiré profundamente tratando de despejar todas las dudas danzantes de mi cabeza. No paraba de observar atónito mi entorno, pues me resultaba imposible explicar cómo habíamos aparecido de repente allí, en plena azotea del rascacielos. Conduje la mirada hacia Escarlata que se hallaba de espaldas a escasos metros de distancia, justo al borde del abismo, divisando el horizonte por donde comenzaba a asomarse tímidamente un tenue fulgor que anunciaba la llegada del amanecer.
–Ven, acércate y mira… –dijo. –No temas, confía en mí.
Me levanté y me aproximé lentamente hacia ella guiado por sus palabras, yo sólo quería estar a su lado, era lo único que me importaba. Lo deseaba tanto que me olvidé de que estaba a punto de llegar la mañana… Me acomodé a su lado, contemplando junto a ella la creciente luz lejana. Ya poco faltaba. La brisa nos acariciaba con ternura el rostro cuando me acordé del sol… entonces nos cogimos de la mano, preparándonos para presenciar en nuestras carnes su calor. Aguardamos un último instante tras el cual, por el horizonte surgió, dándonos la bienvenida un nuevo amanecer que en su seno nos acogió, mientras milagrosamente, allí permanecíamos intactos los dos.
La fuerza de aquel destello era sumamente intensa, pero el fuego que irradiaba se había convertido en parte de nuestro interior, ahora seríamos eternos, había llegado nuestro momento… Éramos el comienzo de una nueva raza de vampiros que había surgido de la sangre de la luna escarlata.

Autor

Nombre: Iñigo Villares De La Gala

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