La perspectiva

Había momentos en los que el desánimo me vencía, aunque, en realidad, no se producía batalla alguna; me rendía antes de que comenzase. Cuando eso ocurría sentía cierta superioridad y tendía a mirar desde arriba, usando una perspectiva que permitía fácilmente la justificación de mi ánimo atribuyéndolo a los defectos que veía en los demás.
Ya fui al médico: depresión y antidepresivos. Que no tomé, por supuesto. También lo miré desde arriba, con condescendencia incluso. Ya recurrí a los amigos y recogí canastos de consejos que no servían para nada; desde mi cima eran muy pequeños. Intenté apoyarme en el amor, siempre sobrevalorado, un producto de consumo más, sin que mi entusiasmo renaciera. Pensé que debía de cambiar la perspectiva.
Ahora, desde abajo, veo las cosas de otra manera y ha mejorado mi ánimo, aunque debo confesar que la madera y la tierra que tengo encima dificultan mi visión.

Autor

Nombre: Jose M. Fernández

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