La telaraña

Vienen seis minutos de anuncios, aprovechan abuelo y nieto para jugar en el sofá. Mi suegra está liada en la cocina, desde que llegaron a pasar las Navidades con nosotros ella no deja ni que me acerque, no me importa, de verdad, y hace unas croquetas impresionantes. A veces pienso que soy invisible para ellos, incluso para Marcos, cuando están todos, claro, se entiende, en fin, no sé, yo sigo aquí con mis pensamientos porque estoy planchando y me aburro. Acaban los anuncios, vuelve el presentador con la gran pregunta final, abuelo y nieto emocionados, la A, la correcta es la A, pero no me escuchan, hacen planes para cuando mi hijo sea mayor y pueda ir a concursar, le chifla, dicen la B, fallan. Mi suegra me llama desde la cocina, la buena era la A, digo, voy, ya voy… Después de cenar toca el cuestionario de rigor, que a ver para cuándo un hermanito, que mira tú que podrías dejar de trabajar con lo que mi hijo gana… Y todo eso tejiendo, porque mi suegra teje, sin parar, y a mí esa bufanda me parece una maraña de lana en la que ando enredada, atrapada, y le pido que me enseñe, quizá ahí esté el origen de todo, del control del mundo, o por lo menos, de mi vida. Noto la patadita en mi barriga, ¡chist!... No hagas ruido, no deben saber que estás ahí, aún no, deja que primero aprenda a tejer mi propia telaraña.

Autor

Nombre: Beatriz Díaz Rodríguez

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