La vida es sueño

Cuando consigo mantenerme despierto, aunque no lo creas, te sueño y me sueño. Eso sí…, de dormido, te olvido, ni siquiera te veo. El insomnio se adueña por lo tanto del espacio absurdo que ocupa mi tiempo, que ya no es tuyo, ni tampoco es del todo mío. Te sueño y me sueño, cuando soy capaz de pensar, pero si me relajo —si me abandono— te pierdo, te ignoro por completo. Y ya estoy harto de pensar, de inventar, de imaginar. Estoy harto de la continua vigilia que no me deja dormir, que no me deja en paz. Suena el despertador y lo miro con desdén, como si odiara su presencia, no tanto por su estridente sonido, sino porque me recuerda, a fin de cuentas, que debería dormir.
Sí, debería dormir, lo sé; y romper, de paso, con esa ingrata conciencia que me condena a pensar en ti a todas horas, pero me da miedo dejar de soñar y perderte de verdad. Si abro los ojos veo la luz, si los cierro, sólo existes tú. Ahora entenderás que no pueda dormirme del todo; aunque es muy difícil cerrar los ojos y no sucumbir a la solícita tentación de «Morfeo». Entonces los abro y los cierro, y juego con la luz, y juego contigo, y juego con los fármacos —dichoso «Valium»—. La droga provoca, en última instancia, unos paréntesis sobrevenidos que, tras el descanso necesario, me dejan vivir así…, justamente como yo quiero, siempre cerca de ti, siempre soñando… «despierto».

Autor

Nombre: Ángel Rebollo Santa Paula

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2 comentarios
  1. Yo también la quiero de este modo obsesivo. Yo también la he perdido. Y solo cerrando los ojos consigo «recuperarla»…

    • La verdad es que cerrando los ojos recuperamos muchas cosas (otras, si acaso, las inventamos…). Este ejercicio de cierto aislamiento nos ayuda a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, las dudas y deseos que nos asaltan continuamente; y como no, nuestros miedos recurrentes (angustias y supersticiones que aprovechan el menor resquicio de oscuridad). De ahí la necesidad de abrirlos a menudo, con la frecuencia necesaria para dejar que la luz llegue todo lo dentro posible, y permitirnos, de paso, mirar, rebuscar en nuestro interior: lugar privilegiado donde realmente se asienta la esencia de lo que somos.
      Entiendo tu obsesión, y me agrada que gracias a ese método de relajamiento o introspección consigas recuperar lo que verdaderamente buscas.

      Un saludo, y gracias por tu emocionante comentario.

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