Laberinto seductor

Valparaíso, el puerto de cumbres pinceladas. De antiguas calles populosas y gentiles, donde todavía navegan viejos marinos de tristes pipas. Sus miradas enmohecidas zozobran en la mar. Valparaíso poemario. Valparaíso de los amores amados en los versos crepusculares. Valparaíso, laberinto seductor. Rompecabezas de madera, cemento y alturas, de túneles y escaleras dispersas al ritmo de gaviotas y elevadores. Puerto crecido a golpes de temporales. Valparaíso y sus calles torcidas que se pierden entre las nubes. Subiendo una decena de escaleras dispersas, con balcones cargados de maceteros de plantas multiformes, ropas remendadas al viento esperando el sol de la mañana. Valparaíso y sus callejuelas, su magia, su brisa suave y susurrante, su olor a mar intenso, sus mitos, sus rincones fascinantes e inspiradores, sus cerros, ancestrales e inmóviles vigías de la historia. Valparaíso complejo y contradictorio, a la vez grosero, gracioso, erudito y banal.

Autor

Nombre: Roberto Cabezas

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2 comentarios
  1. Dan ganas de ir a Valparaíso, o de estar allí, o de quedarse…

  2. Dan ganas de ir, de estar, de vivir en Valparaíso y de Valparaíso

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