Lágrimas enjauladas

Alguien dijo que a menudo los ángeles no saben si se mueven entre los vivos o entre los muertos. Se levantó como todos los días mucho antes de que amaneciera. Hacía tiempo que no necesitaba ningún despertador. Para qué despertar a su mujer con esos tonos del diablo y menos cuando hacía tanto frío afuera. Transportar ganado dependiendo de las necesidades de producción. De hecho, siempre prefirió no saber nada más allá de la marca de sus cigarrillos. El chasquido se hacía más molesto y ruidoso por momentos. El material hacía algún ruido en ocasiones. Huesos que se rompían o madres dando a luz eran demasiado habituales. Por primera vez en su vida se sentó junto a la mercancía. Decidió susurrar a aquella madre. De todas formas, vaya a saber si sus colegas harían cosas peores, pensó. Además, desde hacía tiempo no tenía nada que perder. “Joder, menudo final el nuestro”. Prefirió salir a tomar algo de aire y fumarse un cigarrillo mirando a las montañas. De nuevo notó gotas en las manos. Esta vez eran suyas. A quién quería engañar. No entendía de qué manera estaba haciendo aquello ni desde hacía cuánto tiempo. Día tras día, muerte tras muerte. A cambio de qué. Demasiadas lágrimas en las manos. Al girar la cabeza para revisar la mercancía, se dio cuenta de que llevaba muerto por dentro varios meses mientras se ahogaba en sus propias lágrimas. De hecho, ni siquiera había camión. Llevaba meses sin haberlo. Los mismos que llevaba durmiendo junto al cadáver de Claudia.

Autor

Nombre: Luis Salazar

3

40

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies