Los buenos deseos

Delfina salió de casa a los tropezones, ajustándose la falda mientras sostenía del codo la cartera. Extendía la mano libre a la portezuela de su automóvil cuando descubrió a su vecina tendida en la vereda. Marta, la colorada, metida en su eterno conjunto deportivo rosa viejo, ofrecía sus ojos abiertos al sol, la frente manchada de rojo.
Delfina observó que el pecho de la mujer caída no se elevaba; apretó la cartera, se colocó en cuclillas, acercó su cabeza al rostro desfigurado. Marta tenía hundida la frente, sangre y sesos salían del agujero. Delfina se incorporó; ni un alma en la calle, propio en su barrio a esa hora; se le acabaron las opciones.
—Lástima que se me haga tarde, Marta, me hubiera gustado ser yo la que hablara con la policía.

Autor

Nombre: JUAN PABLO GOÑI CAPURRO

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