Los buenos títulos llaman la atención y son pretenciosos

Nacido un día, de un mes, de un año en concreto. Nació en un país, de un continente que, quizás, se entiende mejor como una superficie terrenal determinada. Le asignaron un nombre, una especie incluso. También una familia y vínculos con otros tantos seres y objetos. Lo importante de toda esta historia, de este nuestro protagonista, reside en el momento preciso que se obstinó por escribir un relato. Un microrrelato. Ahí fue cuando todo adquirió forma, sustrato. Así lo parecía. Así lo parece.
En otro momento, bajo el velo del sentido histórico, un lector ávido de conocimiento, leyó sobre este protagonista, su relato y biografía, ya muerto. O así lo parecía. Así lo parece. Se percató de que todo lo que era este, el conjunto de contenidos que le hacían ser, se difuminaron junto con la descomposición de su cuerpo. Él, muy erudito, muy "biblioteca-ambulante", exclamó orgulloso: "¡Homo vanitas vanitatum! ¡Eso es el hombre!".
A su vez, otro protagonista de esta historia reía y reía, a carcajadas. No se podía contener. La paradoja que encerraba el erudito en su reflexión era totalmente parodiable. Ni siquiera añadió un comentario al respecto, prefería reir ensimismado en su pensamiento.
Los tres, escritor, erudito y cómico, por etiquetarlos de alguna forma, fueron a "su" manera. Ahora están muertos. Pero esto ya no nos importa. Ni siquiera al lector, que sigue esperando algo de todo esto.

Autor

Nombre: Antonio Cantó Gómez

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