MANERAS DE DECIR NO

Tomó a la muchacha de la mano. Ella se revolvió mientras caminaba hacia atrás, giró sobre sí misma y la falda se arreboló en torno a sus piernas. Se detuvo y lo esperó de puntillas para poder besarlo en la boca. Su juventud ardía, sus mejillas ardían, sus ojos brillaban de manera extraordinaria, como si pudieran expresar con esa luminosidad todo el amor que sentía por el muchacho al que acababa de besar. Él acarició su rostro, desde la sien a la barbilla, y ella le besó la mano. La abrazó sintiendo el incendio que se propagaba y amenazaba con abrasarlos. Él se separó un poco.
- ¿Me querrás siempre? -preguntó el muchacho.
Ella se abrazó otra vez fuertemente a él. Vio a ese joven convertirse en hombre, acudir a su trabajo mientras ella acudía al suyo, mientras ella cuidaba de un niño, quizá una niña, quizá dos. Pensó en la explosión del sexo al principio, en la rutina después, en dos cuerpos durmiendo en la misma cama, pero apenas sin tocarse. Imaginó como los muebles de la casa envejecían, como visitaban ciudades lejanas donde no podían quedarse, supo que siempre volverían a la casa, a los hijos. Escuchó los reproches que se harían y notó el sabor salado de sus propias lágrimas en aquel futuro imaginado. Adivinó el final, la soledad y la amargura.
- No -respondió la muchacha.
Lo besó levemente en la boca y caminó, cada vez más liviana, por la acera mientras se alejaba de él con una sonrisa en los labios.

Autor

Nombre: Francisco Linares Valcárcel

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2 comentarios
  1. Que buen relato.

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