María José y el mar

Cómo ignorar voluntariamente la importancia vital del mar: “El mar, solo la mar, …siempre el mar” ¿Por qué te viniste María José a la ciudad?, ¿Por qué a esta ciudad del interior, tan fría y seca, tan lejos de tu mar, tan lejos de aquella blanquecina aldea de tu Galicia natal? Aunque estoy seguro de que la marejada, la misma que a mí me arrastró fuera del agua como a un vulgar desecho, para ti fue una caricia maternal de bienvenida, y te devolvió, en el seno de su imparable resaca, a tu grandioso hogar: “al mar, a la mar”. A la vida que no se puede entender lejos de él... y que no cabe, aunque te empeñes, en el oscuro interior de una caracola vacía.
Ya lo cantó —lo susurró, apenas— el gran Rafael Alberti antes de que tú, cometiendo un imperdonable error, decidieras venir a la ciudad ¿Por qué te viniste tan lejos, María José...?, ¿Por qué, precisamente, a esta ciudad sombría?, ¿por qué tan lejos de tu querido y hermoso mar?... ¿Por qué, desde entonces no podías dejar de derramar amargas lágrimas de arena y sal?
Yo, que pertenezco al serpenteante cauce del río, y vivo en la árida meseta; también sufrí lo mío, cuando no pude por menos que expulsarte de mi corazón baldío. Te amé ¡Sí! Pero le pertenecías al mar, y en el mar te dejé…, sabiendo que —¡por fin!— lograrías ser feliz: la mar de feliz. Adiós María José; te vas, como “Alfonsina”, con tu soledad: no llores más.

Autor

Nombre: Ángel Rebollo Santa Paula

75

243

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies