Mascota

Le huye atemorizado a cualquier tipo de ruido y a las voces no familiares e incluso a algunas proles que entran en casa. Luego que se han ido, sale debajo de mi cama o un cuartito de mi armario, y vuelve a su aparente calma con sus miaus lastimeros, sus lamidos en mi cara, luego se aleja de mis manos también mimosas, y asume su posición de esfinge junto a la ventana, y con sus ojos tristes, observa el avanzar de la noche y el día. Por todos los medios sensibles he querido que sea una mascota abierta, pero no olvida las manos que lo apartaron recién nacido de su madre, y lo hayan tirado vilmente a una espesura que lindaba con una calle, cuyo marco musical caótico era el constante pasar de ruidos de motores y peatones impávidos, sordos a sus lánguidos miaus, por eso ama mis manos —aunque con cierto resquemor—, que le ofrecieron apoyo, amor, dándole una segunda oportunidad de vida.

Autor

Nombre: Jesús Antonio Gutierrez Rodriguez

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