Máxima seguridad

Con palabras fabriqué una cárcel y luego me metí dentro. Una vez allí y por razones de seguridad cerré la puerta de mi celda, saqué un brazo por entre las rejas y arrojé la llave lo más lejos que pude. Ahora quiero salir, pero no hay manera; una palabra toca y empuja a la otra alejando la llave siempre un poco más lejos de donde estoy. Quise probar con las del guardia cárcel, pero advertí que las de su cintura son nomás un manojo de sombras. Solo me queda ahora intentar la fuga. El plan es dibujar las huellas de mis propios pasos y comenzar a seguirlos sigilosamente hasta procurar alcanzarme y liberarme.
Han pasado algunos años y aún continúo dentro. La cárcel, se ve, es de máxima seguridad por eso no les preocupa que utilices tu tiempo en intentar la fuga, acaso en eso consista la condena: en hacer de esa ilusión una pena, una que sea perpetua. Por suerte puedo cada tanto escribir alguna carta y así entregarme por completo al placer de los signos, no se trata ahora de huellas que persiguen mismidades, sino de ausencias que en su devenir nos nombran. Es como un tercer grado. Una libertad condicional (todas lo son). Acaso la única forma de ser libre.

Autor

Nombre: Guillermo Ariel Seminara

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