Mundo interior

Cuando he entrado en el baño una voz ha dicho «Abre el grifo». No era una voz en mi interior y estaba sola. De todos modos, he vuelto a salir y entrar, varias veces, y en cada ocasión la voz volvía a hablarme. Así que, al final, he dado el agua. Inmediatamente he escuchado un suspiro hondo, inconfundible. Esto se ha repetido cada vez que usaba el baño en los últimos días. A los demás les he preguntado si ellos habían oído algo, pero por su forma de mirarme o de no prestarme atención me ha quedado claro que no. Me he armado de valor y le he preguntado quién era. Me ha respondido que es mi vecino, y me he quedado tan perpleja que, por la noche, aprovechando que estaba sola, le he hecho más preguntas. Ha resultado ser un ente que vive en las paredes. Me ha aliviado saber que no es el loco de abajo ni los de al lado, no me cuadraba. Según parece todo el mundo tiene al menos uno en casa. Este es soltero, y me ha dicho que la sequía persistente le había obligado, que la humedad ambiental ya era insuficiente y que me agradecía mucho lo que hacía por él. Me ha parecido muy amable, un tipo interesante, y, no sé ni cómo, hemos acabado hablando toda la noche. Me ha impactado su forma de ser, su amplitud de miras. Ahora hablamos todos los días y creo que estoy enamorada. Quizá él también siente algo, al menos no rehuye los besos que le doy a través del gotelé. Le extraño tanto desde que ya no tengo baño y las paredes están acolchadas. Encima, creo que llueve y temo que me olvide.

Autor

Nombre: MARIA ANGELES PEYRO JIMENEZ

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