Naftalina

Desde el día que murió Pedro, un olor asfixiante inunda el armario. Mi madre dice que debo donar, que hay mucha gente necesitada. Mi hermana se ofrece a vaciarlo por mí y evitarme el mal trago. Mi hijo, tan medroso como es, aún no se ha atrevido a abrirlo. Yo sigo en mi empeño de dejarlo todo tal cual. No soportaría el chocar de las perchas vacías sin el caos de su desorden. Además, hasta que no llegue el verano y necesite el espacio para guardar las mantas no veo la necesidad. Siempre y cuando Pedro no empiece a descomponerse antes.

Autor

Nombre: Macarena Fernández

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