NULIDAD

Nunca se acostumbró a la rutina diaria; no obstante, asumió que esta formaba parte de las muchas obligaciones que solo al despertarse empezaban con la primera meada de la mañana que siempre conlleva prisa. Desde el primer albor hasta la última hora de sol, lo que le ocurría transcendía siempre del mismo color, sabor y olor. Sonó el despertador. Su mano se deslizó, arañando a las sabanas, apartando a la calidez que aún transpiraba de su cama y que con vagancia le alcanzó justo para llegar hasta la mesilla de noche. De un manotazo logró acabar con el sonido de la alarma. Lo que ocurrió después fue más de lo mismo, inclusive el golpazo con cabreo en la puerta, saliendo de su casa. Ya en la calle alegraba el arrullo de las palomas contrastado con el ruido de la escoba de la vecina en la acera de la entrada del edificio donde vivía. Su andar hacía revolotear con inquietud a las hojas secas de las moreras que crujían desvalidas bajo sus pies. A los saludos de la gente nunca contestaba y anulaba de la vista sus miradas. Despeinada y con la única compañía del viento que alzaba, se alejaba sola hacia la estación de tren que quedaba a dos manzanas. El invierno llegó con la niebla la cual resultaba aun más visible que su presencia. El frío cuajaba en la piel como su carácter ante los demás. Durante semanas colgó la misma ropa en el tendedero, los geranios se helaron. Nadie notó su ausencia; sin embargo, siguió amaneciendo con el trinar de los pájaros y el polvo de una escoba.

Autor

Nombre: NEUS GILI MASAGUÉ

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