Otro Aleph

El hecho ocurrió durante una aburrida tarde de verano, en la biblioteca de la sociedad argentina de escritores. Me encontraba absorto en la lectura disimulando una persistente falta de inspiración. De pronto me invadió un incipiente murmullo que provenía del salón contiguo. Dos interlocutores ensayaban un profuso diálogo. En el fárrago de voces, reconocí el inconfundible tono pedante de Carlos Argentino Daneri, pretendido poeta, conversando con un abogado de apellido Zunni. Discutía sobre la inminente demolición de un inmueble sobre la calle Garay. Hablaba de un poema inconcluso, un sótano oscuro, un ángulo incierto, un hallazgo secreto que no se resignaba a perder: la totalidad del cosmos concentrada en un solo punto. Cierro los ojos y mi mente evoca una palabra: Aleph. Podría haberla leído en alguna página olvidada, acaso escuchado al azar, pero tuve el convencimiento que de eso se trataba aquel misterioso prodigio oculto. Me asaltó entonces una ominosa sospecha: la existencia de otros Aleph. La ilusión de la repetición continua, la quimera de encontrar el verdadero original. Cuando abro los ojos nuevamente ya no estoy en la biblioteca. Sigo recostado al pie de una angosta escalera, en un oscuro sótano de la calle Garay. El mismo que Daneri, días atrás, cuando nos cruzamos en la sociedad argentina de escritores, había insistido en que pasara a visitar. Mi vista vuelve a perderse en la profundidad de aquel ángulo incierto, en un devenir de imágenes sin tiempo.

Autor

Nombre: Claudio Garcia

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