“Pelele” de nieve

Se ha desatado una nevada formidable (Ya lo decía “la mujer” del tiempo). Los enormes copos apenas dejan ver el cielo que, por otra parte, comienza a oscurecerse con la fría llegada de la noche. Estoy alelado contemplando el espectáculo, y en ese mismo momento vuelvo a acordarme de ti. No es de extrañar. Todo lo bello me acerca a ti: las puestas de sol, la lluvia, la luna llena, el viento, la nieve…
Me abrigo a conciencia y salgo en tu busca, aunque sé que no podré encontrarte. Me paro allí, frente al edificio donde vives. Apenas se divisa la luz acogedora del ventanal de tu habitación. Permanezco pensativo mirando hacia ella. Los copos arrecian como polillas que se llamaran al rubor encendido de mi rostro, hasta el punto que empiezan a cuajar. Siento un frío helador y una coraza en la piel que acaba con el humillante sonrojo. Una venda de escarcha cubre mis ojos y me impide ver. Prácticamente congelado, no puedo apartar de mi cabeza la obsesiva idea de que mañana por la mañana el atolondrado hijo de la “Tomasa”; un verdadero torbellino de muchacho, me plantará una zanahoria —a modo de nariz—en medio de la cara. Y cuando tú te asomes a la ventana para contemplar el espectacular manto blanco, no podrás evitar reparar en el extraño muñeco de nieve, como si lo conocieras de siempre. Qué cosas tiene la vida: no tendría que haber llegado al extremo de este gélido suicidio para confirmar que nada más fui un simple muñeco —un auténtico “pelele”— en tus recelosas y persuasivas manos.

Autor

Nombre: Ángel Rebollo Santa Paula

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3 comentarios
  1. Muy bien Ángel. Una historia con fuerza. Suerte.

    • Muchas gracias por tu comentario: quizá demasiado benévolo en su apreciación y rotundo en sus alabanzas. He seguido de cerca tus numerosos juicios y observaciones. Realmente has sido muy activo —“crítico”— y sincero al respecto. Por lo que tus palabras me sirven de doble satisfacción, aparte de valioso acicate. Muchas gracias de nuevo y un cordial —muy cordial saludo—. (Espero apretar el gatillo en la dirección correcta… Mera cuestión de “SUPERVIVENCIA”).

      Ángel Rebollo

  2. Muchas gracias por tu comentario: quizá demasiado benévolo en su apreciación y rotundo en sus alabanzas. He seguido de cerca tus numerosos juicios y observaciones. Realmente has sido muy activo —“crítico”— y sincero al respecto. Por lo que tus palabras me sirven de doble satisfacción, aparte de valioso acicate. Muchas gracias de nuevo y un cordial —muy cordial saludo—. (Espero apretar el gatillo en la dirección correcta… Mera cuestión de “SUPERVIVENCIA”).

    Ángel Rebollo

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