Pepito Grillo

Una calurosa tarde de verano, un molesto grillo perturbó mi apacible siesta. Cuando me dispuse a quitarlo de en medio de un fuerte pisotón, algo dentro de mí hizo que me apiadara de él.
Le puse de nombre “Pepito” y lo llevé a vivir conmigo. Le compré un buen traje, una chistera y un paraguas. Comparto con él todas mis aficiones y le pido consejo a cada paso que doy.
A la hora de comer preside mi mesa y luego vemos juntos los documentales de TVE2. Por las noches, le cuento mis miedos, lo arropo y duerme conmigo.
Él cree que es mi conciencia y yo, que no soporto la soledad, dejo que se lo crea.

Autor

Nombre: Carmen Ferrer Atienza

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