Pesadillas

Como cada noche, al apagarse la luz, unas sombras tortuosas se iban acercando a su dulce figura, acechándole sin descanso, esperando el momento justo para asaltarle.
De pronto, todo eran gritos, ecos borrachos de rabia y alcohol, llenos de reproches e ira. Gritos seguidos de golpes secos callados por llantos lastimeros.
Esa oscuridad le rodeaba noche tras noche, semana tras semana, mes tras mes. Hasta que en medio de una de ellas, se hizo el silencio.
Bajo la tenue luz de los rotativos de la policía que atravesaban las ventanas del salón, se alzaba la figura de un niño de apenas diez años de edad, con un peluche bajo el brazo y un cuchillo ensangrentado en la otra mano, frente a dos cuerpos tendidos en el suelo.
Y el niño sonreía, porque sabía que sus pesadillas no se volverían a repetir.

Autor

Nombre: david queijo diaz

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