Por la espalda

Estaba oscuro, ya no veía nada, los árboles sin hojas se desvanecían, la niebla llenaba el lugar, y todo rastro de vida moría...
Al momento, vi unos ojos claros en mitad de toda esa oscuridad; al parecer, pertenecían a un jovencísimo cuerpo.
A pesar de lo liviano que debía ser, su mirada pesaba.
Con un lento movimiento de mano, me pidió que lo siguiera, y por supuesto, lo hice.
El cuerpo daba infantiles saltos a través del bosque, lleno de musgo y hojas caídas.
Parecía que las ramas quisieran decir algo cuando no me dejaban avanzar... Pero yo seguía las luces de sus ojos, que parecían dos fuegos fatuos anunciando mi destino.
El cuerpo paró frente un árbol, donde un cuerpo colgaba.
Me acerqué al cuerpo, lo miré y vi mi cara en el cuerpo. Cuando me giré, te vi, con esa soga en la mano. Ahora sonreías.
Una gran sonrisa que fue lo último que vi, porque entonces todo estaba oscuro, ya no se veía nada, los árboles sin hojas se desvanecían, la niebla llenaba el lugar, y todo rastro de vida,
moría.

Autor

Nombre: Noelia García Venancio

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