Por siempre jamás

Era el día señalado sin cruz por un calendario de hojas arrancadas, en un año que aún no ha llegado.
Abrí el armario de la habitación ubicada en una casa que no es mía, y me vestí con ropas que ni siquiera había comprado. Bajé a una calle por la que no recuerdo haber contado pasos, y abrí el maletero del coche que dejé de conducir hace años. Dentro de él metí aquella bicicleta que me robaron meses antes, y junto a ella dejé una tartera con deliciosos bocadillos imaginarios.
Ajusté el cinturón por miedo a perder también los pantalones, arranqué, y como alma que lleva el diablo conduje despacio por una autopista nunca asfaltada, rumbo a una ciudad sin nombre, ni vecinos, ni hogares y que probablemente no exista.
Hice una parada para recoger a esa persona que desde hace tiempo he olvidado. Sonreí, besé sus labios sin sabor, y apreté con fuerza una mano que no estaba.
El viaje fue largo, o quizás muy corto. De hecho, no me viene a la cabeza ni siquiera haberlo comenzado. Solo sé que aquel día sin fecha, y ajeno al calendario, sentí paz y felicidad. Es lo único que puedo asegurar.
El dueño del quiosco que hoy es un diáfano solar me dijo una vez: “encontrarse es solo el inicio de un extraño viaje sin fin”.
Nunca entendí su significado, porque mis viejas neuronas siempre entretienen a las nuevas con sus cuentos de elfos, ninfas y otros seres sin cara, pero pensé que era la forma más inexplicable de concluir una frase que jamás he escrito.

Autor

Nombre: Dani G. García

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