Por una galleta, María

Hubiera deseado arrancar la hoja del calendario y haberla arrojado por la ventana, imaginando cómo se balanceaba lentamente, bailando por los aires hasta caer al suelo. Pero no lo hizo. Había decidido días antes que afrontaría ese día con entereza. Ningún escándalo, ninguna muestra desgarrada de dolor, pena o rabia. Nada de eso. Éste sería el último desayuno de María, antes de abandonar para siempre la casa donde había vivido cuarenta años de su vida, ahora reducidos a dos cajas de cartón...
Comprobó que solo quedaba una galleta rota en el bote de la cocina. Cogió la chaqueta y bajó al colmado de la esquina a por un paquete nuevo. Entró sin saludar a don Amancio, el tendero. Él la miró con el rostro contraído, estrechándole fuertemente sus manos sin poder decirle nada. Subiendo penosamente las escaleras por última vez, no quiso oír la voz ronca de la vieja portera, gritándole a voces que se atrincherara en el piso cuando vinieran los del Juzgado. Calentó sus manos ateridas de frío en el humeante vaso de leche y abrió el paquete de galletas. Observó las pequeñas burbujitas formándose alrededor de la galleta sumergida y pensó que eran como ella, aferrándose a los recuerdos de su vida en la casa. Sacó otra galleta del paquete. Una reluciente hojita dorada con letras impresas se interponía entre las demás. Fue a por sus gafas: “¡Enhorabuena! Has encontrado la Galleta de Oro de la “Promoción 50 años con galletas MARISOL”: 50.000€ son tuyos. Llama al 917773999 y valida tu premio.”

Autor

Nombre: Silvia TALLEDA ROIG

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1 comentario
  1. Muy bien dosificada la información que va apareciendo en el relato hasta el sorprendente y grato final. Me gustó.

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