Primeros pasos

Lágrimas rotas rezumaba su tristeza, buscando una imposible catarsis ante tanto desconsuelo.
Luz intensa, casi radiante, entraba por una puerta lateral, en impremeditada disonancia con la solemnidad del momento. Hebras doradas pincelaban la sobria estancia, minutos antes atestada de dolientes. Enfrentadas a un altar silente, bancadas vacías fueron mudo testigo del encuentro.
Con pasos encogidos, sustentado en su bastón de ginkgo, se aproximó a su hijo, puro abatimiento. Sin soltar el bastón, abrazo se hicieron. Vertieron el dolor compartido, pesar sin consuelo, durante unos instantes que parecieron eternos.
—Sé fuerte, hijo mío, como solo tú puedes serlo, aunque la vida nos maltrate y nos cause este tormento.
—No puedo, padre —respondió en un lamento.
—Y bien que lo entiendo, pero has de recuperarte por los que te llevan adentro: tu mujer y tus hijos, precisan tu aliento.
Como cuando lo tuvo en sus brazos, al poco de su nacimiento, lo acompañó resoluto hacia un nuevo comienzo. Atrás quedó aquella diminuta niña, causa de su sufrimiento, amada hija y nieta, dentro de su féretro.

Autor

Nombre: Juan Pedro Agüera

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