Prueba de muerte

A lo lejos, un rojo espejismo flotante acompañado de un zumbido se acercaba. En pocos segundos la vibrante mancha roja tomaba nitidez de coche, y el zumbido en bramido de buen motor, lo reconocí, es un Mustang Mach1 del 69, y de eso yo entiendo. Entró a la gasolinera con un veloz giro, levantando una brumosa capa de polvo que lo invisibilizó, reapareciendo en un rugido salido del mismo infierno.
La oscura silueta al volante lo situó junto al surtidor y bajó lentamente del vehículo. Estiró su cuerpo entumecido con un crepitar de sus huesos y su ropa de cuero. Me pidió por favor que llenara el tanque
— Es una joya —le dije.
— Pero insaciable —contestó.
Me enseñó la foto de un tipo y me preguntó que si le había visto. Decidí informarle, mi corazón es Mustang, además en el asiento de atrás descansaba una recortada, por lo que señalé con la cabeza a la cafetería.
Entró recortada en mano, vio al tipo sentado al fondo, se acercó y le disparó en el pecho. Entró en la cocina, cogió un machete y le cortó de un tajo la mano del anillo, luego le sacó una foto con el móvil al cadáver. Pidió escuetas disculpas a los únicos clientes presentes, una pareja de ancianos, que asustados goteaban orina. Fue al coche abrió una nevera y guardó la mano.
— No te asustes, es solo trabajo, una prueba de muerte.
Me dejó un par de cientos y me pidió por favor que no llamara a la policía hasta dentro de una hora.
Arrancó, y volvió al infierno desapareciendo en el polvoriento rugido.

Autor

Nombre: Jesús Antonio Abreu Luis

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