Quizas sea el nirvana

La casa de la montaña seguía siendo acogedora en esa época del año. La leña de encina daba vida al salón al arder lentamente en la chimenea. En un lateral había un sabio sillón orejero y una biblioteca con todo tipo de libros que vivieron tiempos mejores. Al otro una pequeña cama y una letrina bastante acogedora, de las que invitan a la lectura.

La tormenta empezó a arreciar y salvo por que todas las carreteras estaban inaccesibles, por fin se daban las condiciones perfectas para la meditación.

Al cabo de un par de semanas, los pensamientos empezaban a mezclarse con la realidad. Las plantas comenzaban a llorar las últimas nieves y se ponían nerviosas con la visita de las primeras abejas.

Los riachuelos se desperezaban con fuerza y los pájaros entonaban canciones con matices inapreciables para el oído no experimentado.

Todo transcurría con calma hasta que invitó al oso a tomar té.

Autor

Nombre: Juan R Evora

132

390
6 comentarios
  1. Preciosa puesta en escena. Me ha sabido a poco…

  2. Buen relato. Permite que ahora la imaginación intérprete algún tipo de secuencia con el dichoso osito. Yo me imagino un alboroto del copón.
    Genial.

  3. 🐻

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies