Se llevó su flor

Doña Luisa, Luisita para sus niños. Se pasó toda la vida enseñando las primeras letras a los niños en un pueblito perdido entre aquellas bizarras montañas. Pocos hombres de su edad allí habían, en realidad no había ninguno que pudiera ser un partido para la buena de Luisa. Le pasaba la vida volando sin conocer hombres. Volcada en su gran pasión, la enseñanza y solazando las soledades con su buen hábito, la lectura, de la que era apasionada devoradora. En el pueblo habían pocos niños, los más, ancianos y ningún soltero que pudiera encontrar allí algún futuro.
Luisita se consolaba leyendo todo lo que caía en sus manos y a su paisano Machado veneraba, que no era un mal consuelo. Pero Luisita también era mujer. Tenía necesidades y su flor padecía de soledades. Pero ella era paciente, las montañas transmiten serenidad para quien las quiere escuchar.
Pero un día por fin llegó.
Era un hombre, maduro, ingeniero forestal, que fue a revisar el viejo puente de la barranca. Tres días estuvo, aunque llegó solo para unas horas, en la cama de Luisita, susurrándole al oído… “y se metió a jardinero. Estaba el jardín en flor y el jardinero se fue…” pero ella lo sabía muy bien porque adoraba a Machado.

Autor

Nombre: FRANCISCO JUAN BARATA BAUSACH

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