Sexo consentido

La recorrió con la mirada deteniéndose en los defectos que la hacían perfecta. Deslizó lentamente las manos por su cuerpo, haciéndole cosquillas sin risas. Correspondió a su desnudez mirándola a los ojos, su inmovilidad era excitante, sólo deseaba poseerla, y tras veinte minutos de sexo delicado, la tapó con la sábana y la metió en la cámara para otra vez.

Autor

Nombre: Luisa Iglesias

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