Siempre invierno

El último día de otoño, el gigante Abbdalón despertó con hambre y frío de un sueño de siglos, y se tragó el sol, y apremiado por el calor y la sed, se bebió el mar. Al cabo recapacitó, y se asomó a mirar con remordimiento las consecuencias de sus actos: observó entre las sombras el estupor y la confusión, el terror y la violencia, y al borde del caos distinguió ciegos guiando a hombres entre tinieblas hacia simas profundas. El gigante, conmovido, arrancó un rayo del cielo y se rajó el vientre, y devolvió el sol y el mar a los hombres. El primer día de invierno fue testigo de su vano sacrificio.

Autor

Nombre: Miguel

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