Sinembargos

Un dilema, que quizás no lo es. Lo llamo tortura, porque abrasa. Y duele, y hiela, y vuelve a quemar, y explota en la cabeza en un intento por entender.
Me encantaría mirarte sin verte, ni verte cuando te miro, y es imposible porque resulta tan absurdo como complejo. Con sinceridad, no solo contigo sino hacia mí, lo comprendería. Es el sino de un arduo camino hacia aquello que cuesta explicar.
Debería quererte como quiero, pero lo hago como puedo. Y aun pudiendo, solo te quiero como sé querer: sin apenas quererlo.
Necesito serenidad.
Fui yo quien hizo las preguntas, y he quedado sin respuestas. Quisiera que cada momento fuera ese instante nuestro en el que no pienso en nada más. Aquel en el cual no hay nadie, ni tiempo, ni grilletes, ni monstruos bajo la cama porque tenerte encima es protección suficiente.
Sé que hay días en los que no te merezco, y otros en los que deseo más sin apenas esfuerzo. Y a pesar de eso, ahí estás tú, aunque diga que te quiero, lejos de las relativas certezas que esconde mi realidad.
La Luna Llena reclama con nostalgia a las hermanas que conoció en cada una de sus fases, sin saber que todas son la misma. Y confieso mi culpa. Oculté el secreto todo este tiempo por miedo a que se reconozca y me descubra en su desvelo. Ante ti.
Y así, todavía, y siempre, te echo de menos.

Autor

Nombre: Dani G. García

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