Sol de otoño

Un día, de repente, te das cuenta de que tus propósitos no se corresponden con las estaciones. De que los compromisos son sólo eso: compromisos. Descubres el placer de remover la tierra con las manos desnudas, y de plantar claveles a destiempo… si hubiera un tiempo de claveles. Y de que estás feliz aquí, y no en Roma, en tu espacio silvestre rodeada de rucas.

Un día, de repente, te arrellanas en el jardín a ver pasar las intenciones, a disfrutar de no hacer. Y gozas mientras esperas con deseo la tarde. Sabes que un cumplido es un acabado perfecto y que el sol de otoño no te ciega la vista aunque lo mires de frente.

Autor

Nombre: Trini Rodríguez

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