Soledad

El cadáver de mi tío parecía que estaba en un ataúd que no era de su talla.
Siempre daba la impresión de desbordante en todo lo que hacía en su vida.
Todo lo afrontaba con buen humor, nada parecía imposible con él.
El velatorio, muy concurrido, estaba animado.
Habían acudido tanto los que ayudó como sus acreedores, su compañera y sus amantes con sus respectivos hijos, así como amigos de todas las etapas de su vida.
Todos comían y bebían alegremente, recordando su buen talante.
Yo creía que lo único que le había salido mal era morir, pero al acercarme a ver su cara lo dudé, pues presentaba una sonrisa de oreja a oreja y parecía que levantaba su ceja izquierda.

Autor

Nombre: Jesús Antonio Abreu Luis

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