Soñadores

Astro se acercó a la cama, olisqueó la cobija y ladró. Al ver que Alveiro no le respondía salió de la habitación y regresó con el bastón. Ladró una vez más. Alveiro estiró la mano con pereza para acariciar a su perro y le dijo que lo dejara dormir un rato más. Una extraña felicidad lo embargaba. Se volteó, puso la almohada sobre su cabeza y trató de dormir de nuevo. No había pasado un minuto cuando sonó el teléfono. Alveiro se incorporó y escuchó. Era Orangel que quería contarle algo. Alveiro asomó la idea de encontrarse en algún café para conversar. Orangel se rió como un niño. Confesó que todavía no se había levantado. Quería seguir durmiendo. Entonces decidieron hablar cada uno desde su cama.
- Anoche soñé, confesó Orangel.
- Yo también, dijo Alveiro eufórico. Soñé que manejaba un camión, estoy feliz porque vi de nuevo los caminos, los árboles, las montañas, las sábanas, el cielo, todo.
- Yo también estoy feliz porque soñé con mi mamá.
- Pero tú eres ciego de nacimiento. Yo antes de quedar ciego vi todo, formas, colores, por eso me alegra soñar, porque vuelvo a ver. Pero tú, en cambio, nunca has visto nada. ¿Cómo sabes que era tu mamá?.
- Por el olor que había en la almohada.

Autor

Nombre: Gonzalo Fragui

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