Soñar con tus brazos

Recostada en el regazo de tu padre, protegida entre sus brazos, te dejaste llevar por un sueño placentero.

Eras una pequeña niña de no más de tres años, con tus pequeños kikis recogiendo los mechones a los lados de la cabeza.

El ser más poderoso del mundo tomaba la forma de tu cuerpo para facilitar tu descanso y alejarte del agotamiento del día a día.

Cuando despertaras te esperaba un pijama suave y una cama templada que no te harían notar la diferencia con esa carne tibia contra la que empezaste tu sueño.

Muchos años después, muchas desventuras después, una larga vida después, recordarías ese abrazo al recibir uno similar. Deseosa de volver a aquellos días inocentes.

Autor

Nombre: Fernando Maluenda

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