Sueños lúcidos

En el mismo instante en el que simuló su rendición, el atacante le retiraba las manos del cuello dejando en su retina un vago recuerdo color rojo sangre.
Despertó sobresaltado por su propio aullido descubriendo que estaba vivo.
Lentamente sus latidos recobraron la calma al reconocer su habitación y sobretodo, al escuchar la plácida respiración de su esposa.
En seguida percibió su acercamiento, preludio de las caricias relajantes que conocía tan bien y, suspirando, volvió lentamente la cabeza para besar sus fríos dedos.
Fue entonces cuando horrorizado, se dio cuenta de que por primera vez se había pintado las uñas.

Autor

Nombre: Anabel Martínez Guinovart

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1 comentario
  1. Muy buen relato

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