Tobías

Estaba preocupado. Tobías estaba muy preocupado porque cada vez tenía que echar más mano de su memoria, afortunadamente aún fresca, para dibujar en su mente los rasgos de las caras de sus padres y de su hermana cuando los miraba. Cada vez le eran más difusos, más borrosos; en definitiva, más recuerdos.
No se atrevía a decirles nada. Aquella mañana, en silencio, rellenó de agua y comida los cuencos de Rush, Copper y Laika, los perros-guía de sus padres y su hermana, recogió la mochila y el bocadillo para media mañana, y se dispuso para ir a la Universidad. Pero antes, abrió el cajón del aparador y sacó la carpeta que tenía el nombre de su padre. Buscó entre la documentación la tarjeta que necesitaba, y cerrando los ojos deslizó sobre ella las yemas de los dedos como le había enseñado su hermana, acertando a leer “Juan Francisco Peralta - Asistente Personal de la ONCE”. Se la guardó en el bolsillo de la sudadera.
- ¡Adiós, me voy a clase! -, dijo Tobías
- ¡Que pases buen día cariño! -, dijo su madre.
- ¡Adiós Tobi! -, dijo Candela, su hermana.
Su padre, no dijo nada. Últimamente algo venía sospechando en silencio.

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Nombre: Alfonso Cajigas Delgado

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