Todo estaba a oscuras.

Había un extraño olor a muerte en el ambiente, la puerta estaba encajada, una música de carrusel inundaba mis oídos al compás incesante de los latidos de mi apresurada alma. Todo estaba oscuro, la entradita ajada y descolorida, un espejo pintado con polvo la decoraba, tras ella el salón, no había donde sentarse, solo quedaba una vieja televisión emitiendo el cuento de animación "El viejo Molino", sin audio, solo el sonido de la melodía de carrusel, que parecía salir de algún viejo juguete, se atrevía a cortar aquel aire en blanco y negro, terminaba el cuento en la pantalla y volvía a comenzar una y otra vez. Los dormitorios estaban vacíos, no había cortinas, solo los esqueletos sin colchón de las camas donde inventaba los sueños entonces, en otra época, yacían inertes. Todo estaba apagado.
Entré dentro de mí, en mi vieja casa, en mi hogar interior, el niño había muerto, con él también los sueños, todo había quedado a oscuras, todo comenzaba a perder sentido.

Autor

Nombre: J. Carlos Campos

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2 comentarios
  1. Precioso carlos

  2. Gracias; ¡me alegra que te guste! Un abrazo.

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