Todos los días

Todos los días a las cinco de la tarde Estela prepara un té, se acomoda en su sillón preferido y elige un libro de esos que invitan a viajar por el más allá. Los inviernos allí son mágicos, como escondidos del tiempo, solamente la nieve densa y continua acompaña constantemente.
La cabaña inmersa en el bosque y lejos de cualquier vecino es una de las mejores cosas que su querido tío le ha dejado en herencia. Él amaba ese lugar. Con orgullo repetía una y otra vez: “Ésta es mi vida y éste soy yo”.
Todos los días minutos después de las cinco el silencio invade, los pájaros dejan de cantar como haciendo un espacio para la lectura, los vidrios de las ventanas se empañan, el sol se hace más opaco. Para Estela ese momento es familiar, no sabe por qué pasa, pero lo toma como una invitación para quedarse allí.
Tampoco sabe Estela que todos los días pasadas las cinco, unas pisadas fuertes y firmes, se marcan en el sendero que llega hasta la casa.
Todos los días se marcan y se vuelven a borrar.
La nieve continúa cayendo, el silencio reina.

Autor

Nombre: Silvina Domínguez

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1 comentario
  1. Me encanta, Silvina. Suerte

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