Un ángel olvidado

¡Qué pocos son los que ya te recuerdan! Sin embargo, Lalo, aquí no te olvidamos. Nada se sabía acerca de ti. Te veíamos llegar con ese porte de señorito y, enseguida, enfundado en tu bata blanca, recorrías el campo en busca de todos los enfermos. Te daba igual llenarte de barro, lavar mil mugrientas heridas, sanar nuestros pies o adentrarte en los inmundos barracones, pestilentes y atiborrados, para tratar a un paciente. Además, con tu visita, misteriosamente, aparecía ropa limpia, comida, tabaco y otros enseres.
Lo notamos ¿sabes? Falsificabas informes médicos con la intención de, alegando riesgo de epidemia, sacar de este campo de concentración de Miranda de Ebro, a cuantos reclusos pudieras. ¡Da igual si eras un agente secreto del MI6 o no! Importa las muchas personas ─ judíos, aliados, refugiados, etc. ─ a las que salvaste la vida. Incluso, se te ocurrió empeorar enfermos con el fin de provocar su inminente traslado. Luego, tu red de evasión humanitaria, los hacía desaparecer lejos de las garras del nazismo.
Somos los ciento sesenta y cuatro fallecidos en este infierno. Nosotros no tuvimos tanta suerte como la gran mayoría o, quizá, fuimos los grandes afortunados, no lo sé. Tal vez, morir era la mejor salida. Aun así, en esta fecha tan especial y que seguro recordarás, queremos darte las gracias y decirle al mundo entero que si Cracovia tuvo su Oskar Schindler, otro ángel llamado Eduardo Martínez Alonso, pasó por Miranda de Ebro.

Autor

Nombre: Antonio Pérez Praena

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