Un café

Tomó el asa con decisión. Miró la forma abstracta que formaba la lágrima de café sobre la palidez de la leche. Se acordó de ella, de sus pechos blancos como la nieve. Pensó en cómo había terminado todo, en las lágrimas que derramaron. Afuera llovía a cántaros.
Levantó la taza y la figura se tambaleó cambiando de formas. Dividiéndose. Se acordó de los caleidoscopios que tanto añoraba en su infancia. Su madre nunca había podido comprarle uno. Por la ventana siguió a una mujer corriendo. Se preguntó por qué la gente corre cuando llueve. “En Londres deben estar acostumbrados a salir corriendo cada dos por tres”, pensó.
Cuando el líquido detuvo su flameante juego, lo acercó a sus labios. El aroma lo llevó de vuelta a Colombia y a sus deliciosas arepas. Un despistado caminando en remera le sacó la sensación tropical. La ropa empapada, dejaba ver al mundo su arrogante barriga cervecera. Le dio un poco de envidia. Él siempre sucumbió ante sus complejos. Si hubiese sido como el barrigón, quizás sería más seguro de sí mismo. Quizás Laura no hubiese dicho aquellas cosas…
Se sacudió los pensamientos, y bebió un sorbo del brebaje. Y se le pasó el frío. Pero no le curó la tristeza.

Autor

Nombre: Solange Alvarez Zanino

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