Un cálido invierno

"La vida de una persona puede compararse con las estaciones" me decía Marcos, uno de los ancianos que tenía bajo mi cargo en la residencia.
A pesar de costarle andar, solía dar largos paseos por el jardín que tenemos en el centro. Y al atardecer, se sentaba con sus amigos más cercanos a contemplar como un nuevo día tocaba su fin.
No soportaba estar tumbado en su habitación, pues, aunque era espaciosa, esas cuatro paredes, de un blanco impoluto, eran como una cárcel para él. Por ello, aprovechaba cada momento que tenía para disfrutar sus últimos años de vida, o, como él decía, quería tener un cálido "invierno" con el que no tener nada de lo que arrepentirse.
Aunque se esforzaba por mostrar una sonrisa, había algo que lo tenía destrozado por dentro. Lo había hecho todo. Todo cuanto su maltrecho cuerpo podía soportar. Sin embargo, había algo que le faltaba tachar de su lista. Nunca me dijo qué era, pero podía imaginármelo al verlo mirar las fotos que tenía sobre su mesilla.
Su salud empezaba a debilitarse. Poco a poco, los paseos se fueron acortando hasta quedar postrado en su cama. Había perdido todo deseo de vivir, o era así hasta que llegó él, el hijo con el que llevaba 10 años sin hablar.
Comprendiendo que sobraba en ese reencuentro, salí de la habitación para dejarles algo de intimidad. Marcos pudo tachar la última cosa de su lista. Pudiendo disfrutar el cálido invierno con el que tanto había soñado.

Autor

Nombre: David Casanova

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2 comentarios
  1. Se me encoge el corazón,impresionante David

  2. Muy bello y tierno relato

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