Un instante

Los soldados llegaron. Fulminantes, embutidos en sus oliváceos y mugrientos uniformes, al momento tronaron más de 60 metrallas. El muchacho no tuvo tiempo de pensar, inmóvil presenció desde su escondite, el ensordecedor traqueteo de las armas confundido con los gritos y gemidos de los pobladores de la pequeña aldea. En un momento pareció ajeno a sí mismo. ¡Qué extraño! El espantoso estruendo de armas y voces humanas, por un instante se asemeja al más profundo de los silencios. Silencio del que emerge nuevamente el fragor de aquella orgia de muerte y de dolor. El tercer soldado a su izquierda de indumentaria mucho más limpia y mirada de un azul intenso, parece disfrutar en demasía de aquel momento. Desarticulados movimientos, espasmos, estertores de agonía, en un macabro festín de miseria humana, iluminan su rostro en una mueca de burla y de desprecio. Los soldados raudos se marchan, igual que llegaron, con sus esvásticas y su carga de muerte. El frio vuelve a ser el protagonista. Al salir, no halla sobrevivientes, solo aquella macabra mancha de piel y de sangre sobre el blanco de la nieve de aquella tarde invernal. Han pasado solo tres minutos.

Autor

Nombre: Gustavo Quiñónez

0

22

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies