Volver

Por fin puedo volver a sentir ese olor a felicidad inundando el porche de esa casa que da la bienvenida a mi vida. Por fin puedo volver a rozar el aire tranquilo y el ambiente relajado de un lugar al que he pertenecido durante mucho tiempo. Un lugar en el que parte de mí sigue sintiendo que pertenece, aún después de 15 años de recuerdos y memorias.
Sigo viendo a mi madre sonriente y feliz, con esos ojos cristalinos que me miran con fuerza mientras bajo las escaleras que dan al comedor desde mi habitación, un sábado cualquiera de verano. Veo y noto aún sus brazos que me aprietan con una dulzura que desprende un calor suave y necesario.
Pero ahora soy yo, esa madre que inspira ternura mientras ve a su hijo bajar por las mismas escaleras de madera que crujían bajo mis pies descalzos, que ahora han pasado a ser los suyos.
Al otro lado del comedor, la misma madre que me esperaba en el mismo lugar donde me encuentro ahora, nos mira a los dos, con los mismos ojos cristalinos y la misma sonrisa feliz, bajo una piel envejecida por el tiempo, que demuestra que los años son incapaces de cambiar lo que una no quiere que cambie.

Autor

Nombre: Ernest Miralles

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