Y si todavía sale el sol

Aquí no nevaba. La imagen invernal provenía del blanco prístino de las cumbres que se veían a lo lejos a través de los edificios de la ciudad. Esculpidas, altas, con ese manto suave y destellante. Aquellos que llevaban años viviendo allí solían hablar de cómo una vez nevó hasta dejar blanca la Alhambra. Una estampa de postal. Y a veces, decían, caían unos copos que no lograban alcanzar el suelo. Lo único que indicaba que habían llegado días de invierno era el frescor acuciante en las primeras horas de la mañana y de la noche, y que el sol, más que picar, era una bendición.
Para ella estas fechas significaban trabajo. Largas colas frente a la caja, lazos rojos atados en las bolsas de papel, que cortaban como lijas, con impresiones de estrellas doradas y la felicitación Merry Chritsmas. Porque en inglés quedaba más sofisticado. Significaban cajas y cajas de mercancía apiladas cada mañana que esperaban ser vaciadas y colocadas en el almacén. Significaban bufidos de impaciencia desde el final de la tienda, llamadas con la mano alzada "¿Tú eres de aquí? ¿haces el favor de atenderme?". Significaban correr de un lado para otro, escuchar durante ocho horas villancicos con toque flamenco, bullicio, ajetreo, quejas y más quejas de un lado y del otro del mostrador. Significaban cansancio.
De camino a casa veía las calles iluminadas por cajas de luces de colores, por campanas plateadas y azules. A toda una plaza bañada en dorado. Porque al final, esa época tenía algo especial.

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Nombre: Beatriz

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