Zoom

Tras el cristal esmerilado, una figura borrosa. Como en los páramos de las hermanas Brontë o en la sauna de una cabaña finlandesa, una atmósfera coagulada lo cubre todo. Por un momento esa colección de píxeles podría ser cualquier cosa: un asesino, una tormenta en la distancia, mi bisabuela en el día de su boda, los veranos de la infancia, un viajero victoriano, o el mismísimo Gregorio Samsa mendigando un poco de atención. Cierro el grifo y enseguida las posibilidades se reducen: tal vez un periodista interesado en mi biografía, la vecina necesitada de conversación o mi jefe regodeándose en algún logro.
Cuando deslizo la mampara y me asomo, el mundo se reconfigura para adoptar una forma más doméstica y contemporánea. Todos los visitantes se desvanecen con sigilo en la bruma dejando espacio para que mi hija abra el armarito de Ikea, balbucee una disculpa, coja el secador de pelo y salga del baño. El sonoro portazo me confirma que ya todo ocupa su lugar y el día se despliega, terso y contundente, ante mí. Me zambullo en el frío que se ha colado por la puerta y para cuando me cubro con la toalla ya me sé enfocada, posible, real. Me dispongo a transitar la jornada, a dejarme sorprender.

Autor

Nombre: Paz Monserrat Revillo

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