El chico con la camiseta verde (Laura Pérez)

—¡Mamá!
La madre despertó asustada y tuvo que centrarse antes de darse cuenta de que era su hija la que llamaba desde su habitación.
Avanzó mareada por el pasillo y al llegar vio a la niña incorporada en la cama. Había encendido la luz. Llevaba un par de días enferma y cada vez tenía más fiebre.
—¿Qué pasa, amor?
La niña apuntó hacia los pies de la cama.
—Ese chico, que está empeñado en que me vaya con él.
La madre giró la cabeza hacia el lugar de forma instintiva. No había nadie, claro.
—¿Qué chico? —preguntó por inercia.
—Pues, ése, ¿no le ves? Lleva una camiseta verde.
“Es la fiebre”, pensó la madre, pero no pudo evitar un escalofrío.
—Anda, acuéstate —le dijo empujando suavemente sus hombros y tapándola con las mantas—. Estás ardiendo, voy por la medicina, verás cómo te pones mejor.
De vuelta a la habitación de la niña encontró la cama vacía. Ni la policía halló rastro. Al cabo de un mes ya apenas buscaban, el caso se iba apagando.
La madre tomó la decisión a medianoche. Se levantó de su cama y se metió en la de la pequeña. Se quedó quieta, agazapada entre las mantas y atenta a los pies de la cama hasta que apareció un muchacho. Llevaba una camiseta verde y sólo le dijo: Ven.

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