Cinco milimetros (Bo Star)

La otra noche me tropecé conmigo misma y, al buscar rasguños en las canillas, descubrí que me encontraba a cinco milímetros de mí. Alargué los brazos hacia adelante para acariciarme los omoplatos, pero volví a quedarme detrás de mis pensamientos.
Entonces, me asomé a esa rendija por donde se cuelan el ruido, el olor a viejo, las trampas para fantasmas y los sueños deshechos. Y busqué caracolas, por si el océano latiera dentro. Pero cuando emprendí el camino de regreso a mi fisura, vi desde la espuma un mundo más grande que mis dudas. Más frío, también. A veces, corro muy deprisa, detrás de una idea o una pasión, y esa distancia entre lo que soy y lo que no soy tanto se achica, casi se funden sus orillas. Y aunque no distingo en qué lugar de esta escala entre el cero y el cinco soy más yo o menos yo, el mundo desde esta convivencia se asemeja más a las formas de las nubes que soñaba de pequeña.
Pero luego me descuido y vuelvo a encontrarme cinco milímetros más lejos. He pensado que sólo las palabras pueden reventar este dimorfismo y grapar este galope de yoes paralelos. Y con ellas vuelo en círculos con los que llego lejos, y también a ninguna parte.

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