Confesión (Ángel J. Blanco)

Sí, fui yo. Yo lo hice. ¿Que por qué? Es simple. Por celos.
Quizá fue mía la culpa. Yo lo traje a casa. Yo lo metí en nuestra vida. Poco a poco, él fue acaparando cada vez más su atención. Hasta que al final, sin saber muy bien cómo, para ella solo existía él.
Cada vez que ella lo miraba, se le iluminaba el rostro con una sonrisa. ¡Cuánto hubiera deseado obtener el mismo resultado cuando me miraba a mí! Cada noche yo tan solo deseaba sentir sus suaves dedos sobre mi piel, pero era él el que se llevaba esas ansiadas caricias. Dormía a su lado, y en la mañana, apenas despertaba, para él eran sus primeros cuidados.
Me sentía cada vez más desplazado. Nuestra perfecta relación de pareja se había convertido en un enfermizo trío, en el que uno sobraba. Mi odio hacia ese pequeño cabrón aumentaba cada día. Hasta que al final, no pude soportarlo más.
Quería que todo volviera a ser como antes. Quería recuperar a mi mujer. Quería hacerlo desaparecer. Así que cogí un martillo y acabé con él a golpes.
No me arrepiento. Lo volvería a hacer con gusto. Y, probablemente, tenga que hacerlo de nuevo. Porque de nada ha servido. Ella ya ha conseguido otro puto smartphone.

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