Confinamiento (Koshka)

Tengo un gato que me acompaña, por suerte. Tras horas traduciendo y las piernas agarrotadas, cada día, intento pasear; no es fácil. Vivo en Malasaña. Ya he trazado mis rutas para escapar de ellos y, aun así, a veces me acechan en los lugares más insospechados. Tengo que pasear, las piernas me duelen. Lucho por salir a diario y, con mi carácter asocial y mi naturaleza solitaria, acabo encontrándome, siempre, a alguno de ellos. Son agresivos. No puedo pasar por Tribunal, ni por Fuencarral, ni por Callao, ni por Bilbao, ni por Sol, ahora tampoco por Alberto Aguilera con Princesa.

Son vendedores de ideales, siempre jóvenes —a ciertas edades ya no existen los ideales si no es previo pago— y voluntariosos. Con su voluntad, sus ideales, sus grandes causas y su atrevimiento coartan mi libertad y mi educación. ¿Cómo explicárselo?

Por suerte, tengo un gato que me acompaña; ojalá fuera una pantera.

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