Conmigo no contéis (Carmen de Silva)

Yo leía a Mendoza mientras mi mujer murió devorando a Truman Capote. Hizo un leve movimiento, que yo interpreté como acomodo, y su cabeza se descolgó hacia un lado como si los mismísimos asesinos de A sangre fría le hubieran rebanado el cuello. Fue triste, pero no horrible. Habíamos acordado que el que se quedara no se vestiría de negro ni se retiraría de la vida, aunque pronto vi que no me resultaría fácil. Hijos, amigos, vecinos y oportunistas trataban de llevarme al redil de la vejez programada en cuanto yo sacaba los pies del tiesto.
– Luis, ya no tienes edad. Quédate un tiempo en casa y entretente con la tele. -me decían reprochándome mis ganas de vivir. Y cada vez que me hablaban, la sangre golpeaba furiosa mi piel y la figura de mi amada Eva se me aparecía retadora.
Un lunes reuní a todos los que pude en casa, los senté alrededor de esa tele que tanto me recomendaban para ir desvaneciéndome poco a poco, y les dije: – ¿Sabéis qué? ¡Conmigo no contéis! Me niego a morir por imperativo social.

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2 comentarios
  1. Un relato buenísimo

  2. ¡¡¡¡VOTADO!!!!

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